No Merece La Pena

"Siéntete a salvo, aquí puedo mantenerte con vida"

Dedicado a aquellos lectores silenciosos que entran y salen con sigilo después de chuparle la vida a cada relato

Ideas

Escrito por nomerecelapena 29-09-2016 en mmm. Comentarios (0)

“Ideas, ideas, ¿se irán? Me pregunto cuándo…”

Vacío temporal, espacios abiertos convertidos en vías de escape para mentes turbulentas. Silencios opacos, criminales que matan voces que hacen eco en un interno malestar. No molesta, está al fondo, cultivando ese pequeño demonio que susurra imperceptiblemente. ¿Qué dice? A veces le oigo describir y otras suspirar.

Energía electromagnética, leyes de la atracción universal que repelen al equilibrio entre tener el control y asumir los actos propios o no ser consciente de los acontecimientos y verse salpicado por aquello que uno no ha hecho.

Percepción y transformación de la realidad, subjetivismo. Cualidad de no entrar ni salir, estar en ese medio que no supone ningún tipo de alivio. Automatismos, dejadez por no notar el viento y tener que remar sin rumbo.

Influencia lógica del estatismo temporal. Virtudes convertidas en defectos dependiendo de la vara que los mide, de los ojos que miran. Polisemia en el valor intrínseco personal poco apreciable por mentes cerradas a una resurrección espiritual.

Ideas.


Recapitular

Escrito por nomerecelapena 26-07-2016 en mmm. Comentarios (0)

(…)

La habitación estaba oscura, era de madrugada y los pequeños sonidos de la madera crujiendo retumbaban en el pasillo. El eco de unos pasos dejando su huella en el parqué delataba la presencia del insomnio. Una noche más.

Él se resignaba mientras sonreía: hacía mucho que no veía a ese pequeño amigo. Quizá era lo que le hacía falta, una noche de recapitular y entender aquello que su amigo tenía que decirle. Pero, ¿por qué aquella noche?

Aquella noche fue calurosa, como el resto de las noches de verano en las que dormir se convertía más en una lucha constante por encontrar el lugar más frío de la casa que en un merecido descanso. Él volvía de ver a dos personas que le conocieron en un momento bastante duro de su vida y eso le hizo pensar.

Su vida estaba bien, todo en orden, nada fuera de su lugar. Era extraño no tener aquellas turbulencias que solían hacer de su vida un carrusel de acontecimientos inesperados y quebraderos de cabeza. Todo estaba tan en calma, tan tranquilo que no era natural. Al menos esa faceta, el resto parecía una etapa de transición en la que todo era temporal.

Quizá lo que más le había llamado la atención es que hacía mucho tiempo no conocía una persona que le hiciera sentir tranquilo, relajado, pudiendo ser él completamente sin cortarse. Tampoco quería decir nada, pero le había extrañado no haber tenido nervios ni nada de eso, sólo haber sido él completamente y haber bajado la guardia. No todos los días se conocía una persona.

(…)


Temporalidad

Escrito por nomerecelapena 19-07-2016 en mmm. Comentarios (0)

El calor de Madrid llega a ser una losa en la espalda mojada de cualquier viandante, tanto que no resulta posible respirar. Cuando llega la noche se aglomeran los grupos de chavales buscando una brisa que seque esa sopa de hormonas que hay en sus camisetas. La vida es bastante complicada en la capital.

Después de las experiencias, la balanza, el equilibrio y las despedidas siempre hay una conclusión. La mayoría de las veces no nos gusta sacar esa conclusión, pero está ahí. Entonces es cuando pienso en la temporalidad y las diferentes formas de existencia, causa-efecto y pertenencia. Hemos de aceptar la temporalidad o la breve existencia de todo aquello que nos rodea, la realidad de los pequeños detalles que se escapan cuando estamos ocupados intentando ser alguien en vez de siendo alguien.

Así es como la inspiración se va cuando no me apetece tenerla, la vida se ve más tranquila y más sudorosa desde el trabajo diario que me permite pensar que estoy haciendo algo con mi vida. Ayudar a los demás siempre está bien, pensar que los demás entienden lo que hacemos está bien, pero es erróneo. En tu piel solo estás tú, deja de confesar lo inconfesable porque será usado en tu contra en el juicio que te harán cuando les dejes de hacer falta o cuando crean que son superiores a ti, cuando crean que tú no eres nadie.

Y así, poco a poco, tenemos la paradoja del mundo: todos queremos ser alguien, creemos que somos alguien hasta que viene alguien que nos hace sentir inferiores, nos crea complejos y hace que necesitemos superarle para sentirnos bien. De ahí que a veces no me considere tan humano y crea que esta sociedad y yo somos como el agua (yo) y el aceite (los demás).

No me importa que las personas quieran pisar a otras personas para sentirse mejor, que no agradezcan cuando haces algo por ellos y que se queden con los errores, es su naturaleza y la bondad no está hecha para todo el mundo. Ahí es cuando entiendo la temporalidad, ahí es cuando entiendo que la bondad y el ser persona está por encima de echarse unas risas.

De todas formas, sé que soy complicado, es lo que tiene ser raro y no actuar en beneficio propio: los demás te ven como una amenaza. Así he podido observar cómo el egoísmo de las personas llega a límites insospechados: usar a alguien como medio, hacer lo que les conviene y actuar sin sopesar las consecuencias son actos cotidianos que nos están convirtiendo en seres vacíos.

Me siento orgulloso de ser parte de una minoría absoluta en la que estoy yo y, de momento, poco más. Por eso hay que entender la temporalidad o cómo la mayoría de lo que nos rodea es completamente prescindible.


El tiempo

Escrito por nomerecelapena 14-06-2016 en mmm. Comentarios (0)

(...)


Caminé sólo, como mejor se camina. El tiempo siempre araña, pasa, se va y viene, se repite como un café de mediodía con alguien que te cuenta anécdotas y aventuras que tuvieron lugar en algún momento exacto predefinido. El calor vuelve, el frío se va hasta el anochecer y las sábanas a veces sobran cuando dos cuerpos se abrazan para cocerse lentamente. 

Me da miedo, mucho miedo. No es la clase de miedo que te impide avanzar, es la clase de miedo que se tiene al avanzar y ver que tienes mucho que aprender todavía. Muchísimo. Demasiado. Quizá por eso tenga miedo, porque sabe más que yo o porque puede engancharme como un imperdible, no como los velcros que se separan aplicando la fuerza adecuada.

Quizá haya conocido muchas personas velcro y pocas imperdibles, pero me hace sentir orgulloso que esas personas imperdibles son, como bien indica la palabra, imperdibles pase lo que pase. Por eso no sé muy bien qué pensar o qué decir. Por eso estoy en Lisboa caminando lentamente, dejando que las cosas pasen como tienen que pasar y sin influir de ninguna manera en la sucesión de pequeños acontecimientos que crean la esencia de eso a lo que llamamos vida.


Al fin y al cabo no me habría gustado vivir una vida prefabricada, ya hecha. Me gusta encontrar pequeñas joyas en mi desastre personal. Por eso siempre pienso que, cuando estás en la mierda, encuentras algo que no tiene desperdicio.


(...)

Nece-ser

Escrito por nomerecelapena 17-05-2016 en mmm. Comentarios (0)

(...)


Paseando por aquella empedrada y empinada cuesta tropecé con un balcón lleno de flores rojas. Me quedé absorto mientras contemplaba aquellos pétalos de un rojo vivo, casi como unos labios que son apretados por una sonrisa hasta sangrar. Sentí un sabor amargo en el paladar, miré hacia atrás y no vi nada, solo algún rayo de sol que se abría paso entre miles de pequeñas bocanadas de aire gris. No había nadie, ni siquiera sé si yo estuve allí o salí de mi cuerpo para verlo desde fuera, con perspectiva. De repente, se puso a llover. 

Así era Cantabria, cada día podías ir a la playa y ponerte el abrigo en menos de ocho horas. Seguí paseando mientras me mojaba. Nunca había entendido a la gente que corre cuando llueve, ¿la lluvia mata? No, sólo moja y limpia. Limpia almas que lloran cuando salen lágrimas. Al doblar la esquina de la plaza para ir a casa me di cuenta de que ya tenía aquel sitio dentro de mí.


(...)


La arena era fina y se podía sacudir fácilmente de la piel, como si fuera polvillo. Se oía un rumor incesante de espuma y pequeños golpes, el sol a veces intentaba esconderse y la vida se había detenido. Todo era estático, podía contabilizarse y hacer un álbum de imágenes en las que sumergirte y volver a vivir ese mismo momento que había retratado. Era increíble, como un espejismo que te abstraía hacia la libertad hasta que oías el quejido del viento al surfear en la arena y volvías a la relajación, al leve movimiento del tiempo. 

Aquellos acelerones solía disfrutarlos una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez...


(...)